"Arromboidéese sobre el diván y disfrute de su filete frito sobre roca del Sáhara con extractos de moho amazónico, mientras lee posts de lo más interesantes"

22 ene. 2013

Ser mujer

-          -  ¿Se podrá seguir siendo una mujer…. sin útero ni pechos?

Judit, desconsolada, agotada, hundida por completo en la tristeza más profunda, casi no consiguió terminar la pregunta. Inmediatamente después de formularla rompió a llorar ante un dolor incomprensible.

Hacia dos meses que le habían diagnosticado un carcinoma de cérvix que le había acabado por afectar todo el útero. Para más inri, otro carcinoma intraductal infiltrante estaba acabando con su mama izquierda. Con 22 años, la proliferación de las células cancerosas era más que imposible de frenar. Su capacidad de generación de tumores por una gran renovación celular debida a su joven edad era imparable. No había otra solución que extirpar ambos órganos para evitar la metástasis. Eso, o sería demasiado tarde para salvarse.

Judit sollozaba tan fuerte y su llanto era tan desabrido que a John se le había roto el alma. Le era prácticamente inhumano verla así: su rostro consumido por la desesperación, su mirada perdida en el padecimiento, su temor ante la pérdida de la identidad, su postura encogida y desprotegida, su agobio ante lo desconocido, sus lágrimas resbalando lentamente por sus esculpidas mejillas… La opresión que el chico sentía en el pecho ante la situación que estaba presenciando le era un auténtico tormento.

Ella, acostada en la cama, agarraba fuertemente una sábana con una dureza con la que no se daba cuenta que estaba haciéndose daño. Escondía sus sollozos en la almohada y desahogaba su sufrimiento con la angustia, el ahogo, la desolación del llanto. “Judit, por favor, para, no te hagas esto” pensaba John… y no pudo soportar la frustración.

-         -  Sabes, tan bien como yo, que sí –le contestó John.

La chica de cabello oscuro pasó a gimotear más lentamente y sin dejar de derramar una lágrima, le miró asombrada. La voz de John seguía siendo tan dulce como la primera vez que la oyó, y eso siempre ayudaba… Pero su pena era tan arraigada, tan honda, tan dolorosa… que no quería entender al joven.

-    - Sabes perfectamente que está escrito en tu genoma. Tus cromosomas te definen. Eres un individuo con cromosomas sexuales XX. Vas a seguir siendo una mujer aunque borren todos tus caracteres secundarios…

Judit estaba realmente fascinada. ¿Estaba de broma? ¿No entendía que iba a perder su identidad como mujer? ¿No entendía que estaban quitándole partes de su cuerpo, trozos que no volvería a recuperar? ¿Piezas que constituían su yo, su imagen, su estructura? ¿Por qué John decía esas cosas ahora? ¿Acaso le parecía el momento oportuno?

John continuó hablando.

-     - Esto supone un cambio importante, no creas que no lo sé. Estas modificándote. No vas a volver a ser la misma de antes en cuanto a aspecto externo, pero a pesar de todo, ¿quién va a mirar si tienes o no útero? –John no sabía si lo estaba arreglando- Es decir… tu órgano de la cópula, tu vagina, sigue intacta. No vas a tener problemas con el sexo. -¿Estaba fastidiando más la situación? Desde luego no era su intención-  Bueno, me refiero a que tampoco eso supone “aspecto externo”… ¿Los pechos? Siempre podemos implantar unas prótesis. Eso sería lo único que verías diferente.

Judit sabía que pese a lo brusco que se estaba expresando, John tenía razón. El aspecto externo nunca le había importado… y al fin y al cabo, de eso se trataba… Pero no podía evitar rechazar su razonamiento debido a su profunda dolencia. Él no lo comprendía.

-        - Pero, ¿qué es lo más importante de todo? ¿En qué es lo que tienes que fijarte? ¿Qué es a lo que tienes que darle importancia?

John se acercó a la chica, sentándose en la cama y cogiéndole la mano, mientras proseguía con su reflexión.

-      - Que lo has superado. ¡Judit has superado un cáncer que amenazaba con destruirte! Vas a poder seguir viviendo, seguir formándote, llevar una vida normal… incluso podrás tener una familia.

Eso sí que ya no le veía solución. ¿Una familia? “Por favor, John, ya no puedo tener hijos… de hecho, soy un deshecho para la evolución” pensaba la joven.

-        - No, Judit, sé lo que estás pensando. PUEDES formar una familia… porque yo estoy aquí, y siempre voy a estarlo, ¿me oyes?

Surgió una mirada en el silencio. No de esas que incomodan, sino de las que están llenas de significado y acarician el aire. El joven continuó su monólogo sin apartar los ojos de Judith.

-        - ¿Los niños? No te preocupes, adoptaremos un huérfano, un pequeño niño que haya perdido sus padres, que haya sufrido otra de las muchas desgracias que ocurren en la vida, pero que con nosotros será feliz. Porque tú tuviste que sacrificar el no tener tus propios niños, pero ayudarás a otras personas con problemas parecidos. Será una relación recíproca, ¿acaso no dice eso tu moral médica? ¿Cuántas veces me habrás soltado la misma frase día tras día: “Porque yo estoy aquí para ayudar a los demás”? Y yo voy a ayudarte a ti, Judith. No tengas miedo al cambio. Afrontarlo te va a hacer más fuerte y es una auténtica tontería que pienses en que no seguirás siendo una mujer. Sí que lo seguirás siendo… y además la mujer más hermosa que he visto sobre la faz de la tierra, la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida.

Y con un beso en el que se fundieron sus labios, Judith volvió a ser una mujer feliz. Porque ya no le importaba la cirugía, porque ya no se sentía incompleta. John era lo que le faltaba para terminar el rompecabezas que acaba de conseguir resolver. Estaba preparada para afrontar el cambio: ahora ya podría volver a vivir. 

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