"Arromboidéese sobre el diván y disfrute de su filete frito sobre roca del Sáhara con extractos de moho amazónico, mientras lee posts de lo más interesantes"

16 nov. 2012

EL CONDOR DE NUESTRAS VIDAS



Los incas creían que el cóndor era inmortal. Según cuenta el mito, cuando el animal siente que comienza a envejecer y que sus fuerzas se le acaban, se posa en el pico más alto y saliente de las montañas, repliega las alas, recoge las patas y se deja caer a pique contra el fondo de las quebradas montañas, donde termina su reinado. Esta muerte es simbólica, ya que con este acto el cóndor vuelve al nido, a las montañas, desde donde renace hacia un nuevo ciclo; una nueva vida. El cóndor simbolizaba la fuerza, la inteligencia y el enaltecimiento o exaltación. Era un animal respetado por todos aquellos que vivían en los Andes desde tiempos prehispánicos, ya que no sólo traía buenos y malos presagios, sino que también era el responsable de que el sol saliera cada mañana, pues con su energía era capaz de tomar el astro y elevarlo sobre las montañas iniciando el ciclo vital.


Desgraciada o afortunadamente para nosotros, diga quien lo diga, nuestra vida tiene un principio y un final y no somos inmortales como el cóndor. Cuando nacemos, nos ofrecen la oportunidad de llevar y sacar adelante un precioso regalo que aun pese a no ser material es el regalo que más deberíamos de apreciar; el regalo de la vida.


Al principio, nuestros padres, nos guían por el mejor camino e intentan mantenernos en su "burbujita" para que no nos ocurra nada. Es entonces cuando verdaderamente ellos se preguntan si es mejor ¿enseñar o dejar que una persona aprenda por su propia cuenta? Si se le enseña, le podrías ahorrar un montón de sufrimiento, permitirías que avanzara de forma más rápida. El problema sería que perdería la oportunidad de experimentar, tal vez perdería el interés por las cosas. Pero si lo dejas aprender por su propia cuenta, esto podría tomar mucho tiempo, años tal vez...


Posteriormente, seguimos creciendo, nos divertimos, comenzamos a tener buenas experiencias que recordaremos siempre y que llegarán a formar parte del episodio de nuestra vida. Cuando alcanzamos la mayoría de edad, comenzamos a formarnos verdaderamente ya que a lo largo de nuestros cortos 18 años, y largos a la vez, hemos aprendido gran cantidad de cosas que solo son la pequeña base de lo que realmente aprenderemos hasta morir. Comienza verdaderamente nuestro camino hacia lo que realmente queremos, decidimos en que queremos emplear nuestra vida y nos encaminamos hacia ello, nos esforzamos, sufrimos y a la vez nos divertimos para llegar a ser esas personas que hace unos años queríamos ser. Nos enamoramos verdaderamente y lo demostramos, algunos, con el matrimonio. Tenemos hijos, un trabajo o quizás simplemente estamos como queríamos estar... Este, quizás sea el momento más culminante de nuestra vida que es cuando hemos conseguido aquello que con tanto empeño y dedicación queríamos. Pero realmente como bien dice la cita “Todo depende del color del cristal por el que se mire”, para cada uno esto será completamente distinto...


Seguimos creciendo desempeñando la labor de “director de cine” de nuestras vidas, seguimos divirtiéndonos e igualmente sufriendo, trabajamos, descansamos y vivimos, pero tiene que llegar el día que la película se acabe ya que nos hacemos viejos, muy viejos; se nos terminan las fuerzas y tenemos que decidir abrir las alas, recoger nuestras patas y dejarnos llevar hasta el fin de nuestro reinado, hasta el fin de nuestra vida. Este es el día en que se nos arrebata ese regalo que de niños nos dieron con tanta ilusión y que nosotros no sabíamos qué hacer con él. Llorarán nuestra pérdida, sufrirán; pero al cabo del tiempo esto se pasará porque cada persona querida de nuestro alrededor querrá seguir escribiendo el “guión de su vida” y lo hará sin nosotros a su lado y quién sabe si algún día renaceremos como el cóndor a ese nuevo nido de unas preciosas montañas donde podamos volver a completar un nuevo ciclo, el ciclo de la vida. Y así de esta manera volver a ser esos animales fuertes que a lo largo de una vida ya hemos sido, intentar no equivocarnos, hacer más de lo que pudimos hacer, ser fuertes e inteligentes e intentar hacer de cada segundo de nuestra vida un momento culminante y emocionante para volver a escribir una y otra vez esa preciosa historia que es nuestra vida.


Hagamos como el cóndor, de nuestra vida un mundo haciendo que cada día salga el sol y que este sol sea el que alumbre a las personas queridas; hagamos que se nos respete por lo que somos y por lo que hacemos y lo más importante; hagamos de nuestra muerte un símbolo y ¡a vivir!





VPla (Algún día olvidado de finales de 2009 o principios de 2010)

1 comentarios:

Guau... ha estado genial. ¡Enhorabuena por tu primera entrada! =)

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