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21 abr. 2012

Las cuatro puertas de la mente.

Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.

La primera es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.

La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que <<el tiempo todo lo cura>> es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.

La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es solo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad.

La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.

16 abr. 2012

Traición

En el momento más insospechado, nos sentimos traicionados y, al echar un vistazo a nuestro lado, ya no reconocemos a un colega sino a un charlatán o, peor aún, a un traidor que no duda en revelar nuestros secretos a los desconocidos, a una vampiresa que trata de seducir a nuestra pareja, a un tramposo que nos engaña sin el menor empacho, a un racista cuya actitud fanática y mezquina sólo merece nuestro desprecio. Es entonces cuando empezamos a pensar que el supuesto amigo era, en realidad, un enemigo, sentimos que nuestra inociencia se ha visto traicionada, nuestro amor violado y caemos del estado de gracia en que nos hallábamos.

11 abr. 2012

Las palabras



No me gustan las palabras. Habrá quien me diga que son la mayor revolución que se halla dado nunca en el mundo de las comunicaciones. Habrá quien me diga que son lo que nos separan de los animales o que nos han permitido llegar a convertirnos en una "civilización" o incluso quien diga que nos permiten pensar y darle nombre a nuestras ideas. Pero a mi no me gustan. Se me antojan escasas, inexactas y cuanto más complejo es lo que quiero expresar, más inútiles. No me gustan porque dependo de que los demás conozcan las mismas que yo, en el mismo idioma y que las capten con los mismos matices. Porque se quedan mudas ante los hechos, porque para expresar que me disgustan me veo obligado a echar mano de ellas. Porque a veces están vacías y otras veces significan cualquier cosa. Quizás deberíamos aprender a pensar más allá de estos conjuntos de sonidos, a dejar salir a las ideas de las celdas que les haceos con letras y dejar a la imaginación volar por conceptos demasiado abstractos para tener una denominación. Quizá deberíamos reivindicar al arte como lo que es ,un medio para comunicarnos, y emplearlo para llenar el vacío que las palabras dejan entre las personas. Tal vez deberíamos descubrir que a las cosas más maravillosas el nombre nunca les hace justicia y recordar que una imagen vale más que mil palabras, y una caricia más que miles de imágenes.

4 abr. 2012

La Huella (1972)

Hoy vuelvo al Diván para seguir comentando obras de la gran pantalla que han provocado mi admiración. Tenía la película almacenada desde hace tiempo y me la habían recomendado más de una vez. Finalmente me decidí a verla para saber si verdaderamente era un trabajo que mereciese la pena, y verdaderamente lo es.

La Huella, la película que comentaré hoy, está basada en la obra de teatro del mismo nombre escrita por Anthony Shaffer, un hombre del que debo resaltar su gran imaginación para realizar una obra de tanta calidad. La película está dirigida por uno de los maestros del cine: Joseph L. Mankievicz, del que no puedo decir mucho, porque es la primera película suya que he tenido el placer de haber visto.

De la trama puedo comentar solamente lo justo, como pasa en cualquier gran obra de intriga y no podré decir nada más que lo que, probablemente, se pueda leer en cualquier otra página que no tenga el mal gusto de contar más detalles de la historia, sin por lo menos añadir que ese apartado solo debería ser leído por aquellos que hayan visto la película.

Laurence Olivier representa a Andrew Wyke, un afamado escritor inglés de novelas policíacas que ama los juegos y los mejores rompecabezas. Este recibe en su particular casa a un peluquero de origen italiano, de nombre Milo Tindle (interpretado por Michael Caine), que es el amante de su mujer. Allí, comenzarán a hablar para llegar a un acuerdo sobre la situación que les concierne a ambos, que les lleva a la idea de fingir un robo que permita al peluquero irse con las joyas de la mujer y con esta misma de modo que el marido pueda cobrar el seguro contando una versión que se pueda relacionar perfectamente con las pruebas que queden en la casa.

Es a partir de esta idea cuando la película comienza a tornarse más interesante cada minuto que pasa, haciendo desear conocer el final de la historia, cada vez con mayor intensidad. Los protagonistas tienen grandes papeles, con personajes que permiten al espectador adentrarse en la historia haciéndole entrar en el juego del guión y meterse de lleno en la intriga que posee la obra.

En los aspectos más académicos, la película consiguió 4 nominaciones para los premios Oscar (mejor dirección, mejor banda sonora y 2 al mejor actor). En mi opinión tuvo la mala fortuna de encontrarse en la misma edición con una gran obra maestra del cine como es El Padrino, que se repartió los premios ese año con Cabaret, lo que sin duda provocó que los resultados bajaran mucho.

Posteriormente, en 2007, se hizo un re-make estadounidense de esta película inglesa de 1972, adoptando Michael Caine el papel opuesto y con Jude Law encarnando al amante.

He considerado que esta es una película digna de recomendación y espero que más de uno haya leído la entrada y se decida a ver una película que no le decepcionará. Un guión magistral que la gente debería conocer, especialmente los amantes de la intriga, las sorpresas, los finales bien conseguidos y, en general, del buen cine.

3 abr. 2012

.-Corramos por el fondo del mar-.

Era noche cerrada cuando la dulce melodía llegó a mis oídos. Procedía de más allá de las fronteras del bosque y más lejana que los campos por dónde discurría el río que llenaba de vida nuestros pastos.
Decidí adentrarme en el camino abierto que estaba ante mí, mis coces no sonaban con mi carrera acelerada, el suave césped amortiguaba mis pisadas. Poco a poco dejaba el bosque atrás y olía a algo que nunca antes había olido. El valle se rompió abruptamente en un gran acantilado, y una masa azulada se removía con gentileza acariciando las rocas que estaban justo debajo.
Mis ojos no podían creer lo que veían, todo era tan hermoso como el bosque, o quizá más. Recorrí con la mirada la superficie del líquido que se veía ante mí y entonces la vi, una hermosa mujer, su melena caía hasta la roca en la que se encontraba sentada, era de un color rojizo que se asemejaba a las flores silvestres de mi hogar. Bajé raudo como pude el acantilado, tropezándome con rocas que ni siquiera veía ya que sólo tenia ojos para ella. A medida que me acercaba me iba dando cuenta que su belleza no tenía parangón y es más, el sonido que escuchaba procedía de ella. Una de sus blanquecinas manos se encontraba descansando en su garganta y la otra suavemente en su regazo. ¡No podía ser! Fijé mi mirada en su parte inferior, dónde debían estar las patas se encontraba una cola escamada, como la de los peces que yo y mis parientes comíamos para alimentarnos. Horrorizado dí una coz para volver sobre mis pasos pero una piedras se desprendió y me vi hundido en el líquido burbujeante y extrañamente salado que no hacía más que llevarme hasta el fondo. Algo me dio en la cabeza y entonces, lo vi todo negro, desaparecer.
º~~º
Esa noche no quería quedarme en el fondo del mar. Quería ver la hermosa noche que hacía, quería contemplar las estrellas y cantarle a la gran luz que nos iluminaba el cielo pese a que nos invadía la oscuridad.
Es por ello que salí a escondidas a las superficie, y fui al lugar más recóndito de la costa. Un lugar al que nunca podíamos ir. El acantilado de las marismas. No sabía por qué no podíamos ir allí pero el acantilado era ejemplar, aunque realmente ya había estado allí en otra ocasión y fue maravilloso.
Así pues, marché allí. Me coloqué en la roca menos llamativa y contemplé el paisaje que ante mi se alzaba. La lux de la cúpula azulada se reflejaba en el océano y corría sobre él como si fuera su cabello. Me entraron ganas de peinarlo pero eso era imposible.
Entonces mi corazón se encogió y un hormigueo recorrió mi estomago y prácticamente sin pensar comencé a cantar. Mi voz resonó en el acantilado y se difundió con facilidad. Las notas eran cada ves más agudas y yo esperaba con esperanza vana que le llegara la melodía.
Pasó el tiempo, y yo seguía enfrascada en la canción, entonces escuché algo a mi espalda. Volviéndome rápidamente me di cuenta de que había un ser contemplándome, mitad caballo mitad hombre. Las rocas del acantilado se estaban desprendiendo y una de ellas le dio en la cabeza a la criatura. Asustada no sabía como reaccionar, contemplé como se hundían las rocas y la criatura no salía a la superficie. Sin pensármelo demasiado me sumergí en el mar,su cuerpo caía pesadamente hasta el fondo, tomándolo como pude lo llevé a la orilla más cercana, junto a la desembocadura del río.
Lo tumbé en la orilla, pesaba demasiado así que tuve que dejarlo casi dentro del mar. Le retiré la melena del rostro y quedé petrificada. Tenía la mandíbula marcada, los labios carnosos y su nariz era recta. La piel estaba bronceada y hacia que el negro de su melena destacara. Era tan hermoso que no me vi capaz de moverme de allí. Sus patas eran fuertes y me sobrecogió el pensar que si despertaba yo podría ser su cena. En su busto había un tatuaje color ocre que supuse significaba algo, aunque no sabía bien el qué. Me acerqué un poco más a él, estiré el brazo para rozarle el tatuaje y entonces él abrió los ojos. Asustada, me introduje de nuevo en el agua.
º~~º
Me dolía la cabeza y me sentía observado. Quería abrir los ojos pero tenía miedo a lo que podía encontrarme. Entonces sentí como una mano se acercaba a mi costado y abrí los ojos. Ella estaba ahí observando mi cuerpo, su mano estaba a punto de posarse en la marca de nacimiento que llevaba en el pecho. Era la marca que me identificaba.
Ella se percató de mi consciencia y se hundió en el líquido que se extendía ante mí. Miré de izquierda a derecha y contemplé el río y como vertía sus aguas en la masa mayor. Me puse en pie sobre mis cuatro patas y observé el horizonte. ¿Se había ido?
La llamé, no sé bien como, pero la llame y ella no volvió a aparecer aunque tenía la sensación de que seguía observándome.
º ~~ º
Lo observaba mirar al mar, me llamaba a voces son su voz grave llena de poderío y fuerza. Me estremecí cuando lo vi mirar hacía donde yo estaba pero no me vio. Entonces, abatido, se dio la vuelta y volvió valle adentro siguiendo la rivera del río. Y dentro de mi ser, una profunda tristeza me inundó, no quería que se fuera. Desganada volví a casa, dónde aún todos dormían esperando que la luz del día los despertara.

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