"Arromboidéese sobre el diván y disfrute de su filete frito sobre roca del Sáhara con extractos de moho amazónico, mientras lee posts de lo más interesantes"

28 ene. 2012

Conflicto de sexos

Medicina es una carrera donde continuamente aprendes cosas interesantes pero más aún lo es la asignatura de Genética humana. Aquí nos explicaron una teoría sobre el posible origen de "la guerra de sexos" que se mantiene entre un hombre y una mujer. Sí, exactamente esto es lo que trata de resolver la Teoría de Haig, que intenta esclarecer el por qué de la impronta genómica (o lo que es lo mismo, por qué se silencian ciertos genes de un individuo dependiendo de su sexo, y por ello, no se expresan en el feto).

Según esta teoría, el feto es un campo de batalla en la que tanto hombre como mujer desean imponer su genoma (que se exprese ese en el descendiente y no el del otro progenitor), ya que éste es el que "intenta sobrevivir" a lo largo de la filogenia de las especies (aquí me remito a lo que decía Richard Dawkins en su libro "El gen egoísta", en la que establece que son los genes, y no los individuos, los agentes que operan sobre la evolución). Es decir, existe una lucha de intereses entre el padre y la madre sobre el embrión, que es lo que hace que exista este "conflicto de sexos". 
Debemos considerar que, ante todo, el feto parasita a la madre y la manipula. Puede parecer exagerado pero si comprobamos como el embarazo aumenta los niveles de glucosa en sangre (hasta el punto de llegar a producir una diabetes) y la presión arterial de la madre, además de secretar, a través del placenta, progesterona sólo para aumentar su reserva energética, da que pensar (ya existe el cuerpo lúteo para liberar progesterona, ¿acaso el feto no se fía de que puedan fallar las reservas maternas?)
Los genes del padre, en esta teoría, inducen la parasitación (el desarrollo masivo del feto) incluso pudiendo llegar a provocar la muerte de la madre si fuera necesario (él puede tener hijos con otra mujer, le interesa que su descendencia sea fuerte para sobrevivir y perpetuar su genoma). Los genes de la madre, por el contrario, frenan el desarrollo del feto para protegerse y poder tener más hijos (con otros hombres si fuera necesario). Esto se ve en la producción durante el embarazo en los humanos de metastatina, una hormona que controla la invasión que el embrión hace sobre la embarazada.
En este punto, ya observamos como los intereses de ambos progenitores son distintos. Esto se probó en un experimento con ratones de una especie promiscua y una no promiscua. En el primer caso, los ratones no tenían los genes improntados, mientras que en los segundos, sí existía dicha impronta, debido esto a que a lo largo del tiempo se habían promovido "costumbres" en las que los intereses evolutivos eran los mismos para ratones de la especie no promiscua (y por tanto, no era necesario genes que parasitasen o que protegiesen del feto, de ahí que estén silenciados).
De tal manera, del resultado de un cruzamiento de un macho promiscuo (1) y una hembra que no lo era (1), nacían unos fetos enormes, consecuencia de la impronta de los genes de la madre 1, que eran bastante permisivos con la invasión, y la no impronta del genoma del padre 1, que promovían fuertemente el desarrollo fetal. En el cruzamiento de un macho no promiscuo (2) y una hembra (2) que sí lo era, el resultado era un ratoncito muy pequeño, debido a la no improntación de los genes de la madre 2, que impedían de manera considerable la invasión, y por tanto el desarrollo de su descendiente.
Esta teoría es la más aceptada por los científicos para explicar la aparición de la impronta y ciertamente, tiene muy poca difusión en internet, por lo que es uno de los principales motivos por la que la expongo.

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