"Arromboidéese sobre el diván y disfrute de su filete frito sobre roca del Sáhara con extractos de moho amazónico, mientras lee posts de lo más interesantes"

13 oct. 2011

Médicos

Ayer volví a ver a aquel médico después de mucho tiempo. Ya no me pareció alegre, ya no me pareció sonriente ni agradable al trato. Ya no gastaba bromas, ni hablaba del partido de la tarde anterior con ánimo, ni se sentía alegre.
Así le vi todas las repetidas veces que para mi desgracia me tocó visitarlo. Pero no es que hubiera cambiado, algo le había cambiado. Se le veía una mirada cansada, con la que observaba a cada paciente que se le presentaba en la consulta con algún problema. Escuchaba, asentía... ya sabía lo que le pasaba, él ya tenía mucha experiencia para identificar un caso como aquel. Y pasaba otro, y otro, y otro... Ya no era el mismo de siempre. Ya no curaba hipocondríacos con sólo su sonrisa. Ya ni su mujer, ni sus hijos podrían hacer nada por él; se había hundido en las divagaciones de la existencia... pensativo, anhelante y  aparentemente distraído en sus pensamientos.
De esta forma se presentaba ante mí aquella persona que yo cuando pequeña había idolatrado. ¿Es posible que yo, siendo pequeña, no me diera cuenta de la responsabilidad de su juicio, de la gran carga del peso de los años? Quizás yo acabe así, pensé en el momento en el que le vi. Una estudiante de medicina consagrada en su trabajo, volcada en su profesión, deseosa de saber. Todo me lo había inspirado aquel hombre, y ahora... ahora solo veía a un pobre anciano cansado de la enfermedad y la desdicha del pueblo. ¿Este es nuestro final?
Tras escribir esto, volví a ver a quien se había convertido ya en mi amigo, en mi consejero médico. No podía rendirme y pensar que, simplemente, él también había caído. Me sorprendió. Volvía a estar de nuevo feliz, radiante, charlatán,... no se había olvidado de sí mismo en un ciclo irreversible, no se trataba de la enfermedad del que escucha, no había cambiado su esencia tranquilizadora y empática.
Algo maravilloso tienen los médicos y es que, aunque sean personas y a veces caigan en la desesperación más profunda, se levantan. Y se levantan por toda aquella gente a quien no pueden dejar desamparada, todas aquellas personas que necesitan su ayuda.

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