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17 oct. 2011

El Partenón es posible

Probablemente todo el mundo sepa lo que es el Partenón, haya oído hablar de él o como mínimo lo haya visto en fotos. Daré una breve explicación para entender lo importante que llega a ser esta obra:
Se construyó por orden de Pericles en el año 447 a.C. para agredecer a la diosa Atenea Partenos (diosa de la guerra y la sabiduría) la victoria frente a los persas en las guerras médicas. Su coordinador fue el célebre Fidias, que se encargó de las esculturas presentes en el templo. Al estar en lo alto de una colina (se colocó en lo más alto de la Acrópolis de Atenas) los griegos decidieron deformar el templo para conseguir corregir el efecto óptico, y siguió una meticulosa especialización para crear una verdadera obra de arte.
He aquí un ejemplo de como debía de ser el Partenón allá por el 430 a.C. cuando ya estaba terminado:

Como la gran mayoría de los monumentos antiguos, el Partenón no ha conseguido llegar hasta nuestros días en un buen estado, y aunque aún se mantiene en pie, la gran mayoría del templo se trata de unas ruinas.

Normalmente, algo tan antiguo no suele perdurar, en casos como el Faro de Alejandría por el simple hecho de un seísmo ha derribado la escultura, y ahí, por mucho que duela, no se puede hacer nada, el planeta lo ha querido así y hay que aguantarse.

Pero desgraciadamente no es el caso del Partenón, que sufrio su gran destruicción allá por el siglo XVII. Tras haber pasado de religión en religión (llegó a ser un templo bizantino, latino o musulmán) los turcos se les ocurrió la magnífica idea de convertirlo en polvorín. Y fue en el 1687, cuando los turcos estaban en guerra con los venecianos, que estos últimos vieron la ocasión perfecta para soltar una bomba por allí, y conseguir que una obra de meticulosa elaboración, que había durado unos 15 años en construirse y de tal belleza, perdiese gran parte de lo que era en un segundo.

Desgraciadamente la cosa no acabó aquí, el embajador británico de Constantinopla a principios del siglo XIX, Elgin, decidió llevarse todo lo realizado por Fidias que quedaba y llevarselo a Inglaterra para exponerlo en el museo nacional creando, obviamente, una gran polémica entre dónde deberían estar esas obras escultóricas.

Así es el Partenón tal y como lo podemos ver hoy en día:


















Realmente da coraje pensar que la obra podría estar en mucho mejor estado si no fuese por lo ocurrido unos siglos atrás.

¿Alguien se ha preguntado alguna vez por qué no hay una reconstrucción o una réplica que nos haga adentrarnos en la obra como si estuviesemos viajando tiempo atrás y contemplar como era esto, o hacernos al menos una idea?

Por suerte con el Partenón, ¡SÍ PODEMOS HACERLO!

Existe una réplica en Nashville, Tenesee en Estados Unidos que intenta reflejar lo más minuciosamente posible como pudo haber sido éste, usando la gama de colores del original e incluso recreando la estatua de la diosa Atenea de 12 metros, hecha por Fidias en oro y marfil en la parte central del templo.

Todo esto se debió a una feria que tuvo lugar allí en el año 1897 en la que se recrearon (de manera temporal) algunos monumentos importantes de la historia. A la gente le gustó tanto la obra que al final decidieron conservarlo. Como iba a ser temporal, lo demolieron y comenzaron a construirlo con materiales más consistentes y con la participación de varios especialistas en el estudio del Partenón y del mármol de Elgin para hacerlo lo más realista posible.
Dejo aquí finalmente las imagenes de la réplica de Nashville con la esperanza de poder verlas en vivo algún día y contemplar una copia fiel de la realidad. Espero que la disfruteis.

13 oct. 2011

Médicos

Ayer volví a ver a aquel médico después de mucho tiempo. Ya no me pareció alegre, ya no me pareció sonriente ni agradable al trato. Ya no gastaba bromas, ni hablaba del partido de la tarde anterior con ánimo, ni se sentía alegre.
Así le vi todas las repetidas veces que para mi desgracia me tocó visitarlo. Pero no es que hubiera cambiado, algo le había cambiado. Se le veía una mirada cansada, con la que observaba a cada paciente que se le presentaba en la consulta con algún problema. Escuchaba, asentía... ya sabía lo que le pasaba, él ya tenía mucha experiencia para identificar un caso como aquel. Y pasaba otro, y otro, y otro... Ya no era el mismo de siempre. Ya no curaba hipocondríacos con sólo su sonrisa. Ya ni su mujer, ni sus hijos podrían hacer nada por él; se había hundido en las divagaciones de la existencia... pensativo, anhelante y  aparentemente distraído en sus pensamientos.
De esta forma se presentaba ante mí aquella persona que yo cuando pequeña había idolatrado. ¿Es posible que yo, siendo pequeña, no me diera cuenta de la responsabilidad de su juicio, de la gran carga del peso de los años? Quizás yo acabe así, pensé en el momento en el que le vi. Una estudiante de medicina consagrada en su trabajo, volcada en su profesión, deseosa de saber. Todo me lo había inspirado aquel hombre, y ahora... ahora solo veía a un pobre anciano cansado de la enfermedad y la desdicha del pueblo. ¿Este es nuestro final?
Tras escribir esto, volví a ver a quien se había convertido ya en mi amigo, en mi consejero médico. No podía rendirme y pensar que, simplemente, él también había caído. Me sorprendió. Volvía a estar de nuevo feliz, radiante, charlatán,... no se había olvidado de sí mismo en un ciclo irreversible, no se trataba de la enfermedad del que escucha, no había cambiado su esencia tranquilizadora y empática.
Algo maravilloso tienen los médicos y es que, aunque sean personas y a veces caigan en la desesperación más profunda, se levantan. Y se levantan por toda aquella gente a quien no pueden dejar desamparada, todas aquellas personas que necesitan su ayuda.

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