"Arromboidéese sobre el diván y disfrute de su filete frito sobre roca del Sáhara con extractos de moho amazónico, mientras lee posts de lo más interesantes"

4 dic. 2010

El teléfono

Hace unos días me pasó una experiencia de lo más curiosa. Quizás esto os suene a chino, con todos mis respetos para los chinos, pero simplemente me parece interesante comentarla.
Fue un viernes como tantos otros. Uno de esos días en los que dices: “Por fin es fin de semana”, uno de esos días que te sirven para relajarte… para olvidarte de que eres estudiante, y que mañana sigue la rutina del final de trimestre. Amargada por el simple hecho de que todo me iba mal ese día, nada tenía ni pies ni cabeza y no lograba conectar nada, volvía a mi casa más temprano que nunca para colmo del asunto. Fue entonces cuando pasé por el mismo camino de siempre y me fijé en un banco de aquella plaza… Algo brillaba en la oscuridad. Me acerqué y lo vi. Era un móvil de última generación, táctil, con videollamada, reproductor de música, una cámara de alta calidad… Dios, ¡qué suerte había tenido! Lo metí en el bolsillo, contenta por mi nuevo hallazgo. Mi teléfono móvil estaba realmente fastidiado, no había sido una buena compra. Además, en mi casa estábamos sin blanca debido al recorte de sueldos que había hecho el presidente de esta nuestra patria… Pero, ¡ahora ya no tendría por qué comprarme otro nuevo! Volví sonriendo a casa, parecía que el día iba a acabar bien después de todo.
Llegué a casa y comencé a trastearlo. Ups… Tenía un código pin para encenderlo; no podía apagarlo si quería conservarlo accesible. Empecé a meterme en las carpetas, a curiosear. Miré la lista de reproducción, madre mía qué cosa más hortera… Me metí en la agenda de contactos y observé los nombres: Papá, Mamá, Sandra clase, Mi niña,… Parecía ser de un chico. Un chico que le gustaba una música horrible, pero una persona normal.
Después miré en la galería las fotos. Aparecían chavales de una clase, todos juntos y sonrientes; una chavala sacando la lengua a la cámara, unas personas mayores que podrían ser sus padres, un perro vestido con pajarita y gafas de sol… Entonces fue cuando observé una foto realmente genial. Tenía para mi gusto el enfoque perfecto y bastante calidad. En ella estaban un chico y una chica, ambos bastante guapos. El chico cogía la cara de la chica suavemente con la palma, mientras con una mirada inmensamente tierna le besaba la mejilla. Ella se estaba sonrojando y tenía una cara muy divertida. Detrás, al fondo, las amigas de ella parecían estar cotilleando y señalándola; se alegraban de la suerte que había tenido por conseguir aquella fotografía. Me sonreí. Qué interesante podía ser intentar adivinar cómo sería el propietario del teléfono. Es curioso. El chico debería ser el de la foto… pero, ¿por qué tendría la foto que la chica imaginé le había pedido? Me fijé en otro dato importante. La ropa estaba pasada de moda. Quizás fue tomada  hace tiempo ya. ¿Al chico le gustaba aquella chica? Era tan bonita la foto… En ese momento comencé a pensar. ¿No estaría el chico intentando recuperar su móvil, buscándolo por todas partes?
Me sobresalté. Estaban llamando desde una cabina. Lo cogí. “¿Hola? Creo que usted tiene mi móvil” Era cierto. El dueño lo estaba buscando. El hecho de encontrar el teléfono me había llenado de esperanza al saber que ya tendría uno que funcionaría bien, pero la felicidad que observé en la cara del chico fue aún mayor. Sus labios se estiraron en una enorme sonrisa cuando le vi, los ojos se le abrieron desmesuradamente y me dijo “me has salvado la vida”. No creí que fuera para tanto, pero parecía que ese teléfono significada mucho para él. Entonces me acordé de la foto del chico y la chica. Era él, pero hacía ya tiempo. Quizás fue cuando conoció a su novia. A continuación me dio dos besos y se marchó contentísimo. “Gracias, gracias” no paraba de decirme. Y eso me llenó mucho más que la posesión material del teléfono.
Por eso, devolví el móvil =)

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