"Arromboidéese sobre el diván y disfrute de su filete frito sobre roca del Sáhara con extractos de moho amazónico, mientras lee posts de lo más interesantes"

17 oct. 2010

Lluvia

Se asomó a la ventana. Observó el cielo. Era como a él le gustaba, estaba oscuro y pronto empezaría a llover. No sabía qué hora sería, pero tampoco le importaba demasiado. Esa mañana no tenía nada que hacer. Lo cierto es que tener tiempo de sobra siempre le ponía algo nervioso, sabía que en cualquier momento ya estaría pensando otra vez. Detestaba pensar cuando estaba solo. ¿Miedo? ¿Malos recuerdos? Ni siquiera sabía cómo se sentía. A veces se echaba en cara todo lo que nunca había hecho, y otras muchas veces pensaba en aquello que querría volver a hacer. ¿Cómo la vida le había dado tantísimas vueltas? Mierda… ya estaba pensando de nuevo…

Algo semejante a piedrecitas estaba golpeando el cristal de la ventana. Estaba lloviendo… y eso le relajaba. Aun así no pudo evitar acordarse de aquel día cuando también estaba lloviendo. Era un día cualquiera, un día en el que estaba mirando por la ventana derecha del coche (siempre se sentaba en el asiento trasero derecho, era su preferido) como cualquier otro día que sus padres le obligaban a ir a ver a los abuelos. Menos mal que ya regresaban a casa. Aunque en la ciudad tampoco tenía mucho más… pero quizás podría enfrascarse en la lectura de algún libro y olvidarse de su propia existencia. No tenía amigos. Todos le tomaban por un bicho raro.

Pero el pueblo era demasiado. Odiaba la casa cochambrosa de sus abuelos. No había aire acondicionado ni calefacción… ¿cómo en el siglo XXI podía vivirse así? Luego estaban sus primos... creo que también los odiaba. ¿Se creían más importantes que él por el simple hecho de que eran populares en el pueblo? Bah, vaya creídos. El pueblo… ¿qué era aquella población apartada de la mano de Dios en la que todo el mundo se conocía? Para él no significada nada… A veces detestaba a sus padres por obligarle a ir. Era el pueblo de sus padres y no el de él. Le traía sin cuidado lo que pudiera pasarle.

Un frenazo le devolvió a la realidad. Estaban adelantando un camión y parece que un perro había obligado al camión a frenar… su padre también frenó. La adrenalina casi se le sale por los ojos. ¡Qué perro más estúpido!, pensó. El coche estaba totalmente parado en medio de la autovía, mientras seguía lloviendo. Entonces, guiado por el instinto, observó el retrovisor: un coche se acercaba peligrosamente a velocidad vertiginosa para impactar contra ellos… En milésimas de segundo su vida pasó por delante de sus ojos. ¿Iba a morir? Ahora sintió no haber pasado el suficiente tiempo con sus primos, que a pesar de todo quería, ni con sus abuelos, que por lo visto iban a vivir más que él. Tampoco había pasado el suficiente tiempo con sus padres y su hermana repipi. Nunca había podido contarles cómo era él en realidad, nunca les podría decir lo mucho que les agradecía que soportaran sus niñatadas, sus manías y sabía que habían hecho todo lo posible por entenderlo. Incluso echaría de menos aquel pueblo apartado de la mano de Dios, que en aquel instante le pareció no lo había tratado correctamente.

El impacto fue bestial. Sintió cómo su cuerpo se desplazaba hacia adelante y el cinturón de seguridad le oprimía el pecho en un intento de evitar que se chocara con su madre, sentada justo delante de él. Mientras seguía en suspensión, pensó en los demás. ¿Papá? ¿Mamá? ¿Hermana? ¿Estáis bien? No podría girar la cabeza, no podía mirar a ningún sitio, la inercia del impacto solo le permitía desplazarse hacia adelante mientras pensaba que su cabeza se separaba de su cuerpo.

Todo acabó.

La voz de su padre le despertó. “¿Estáis todos bien?” Un sí quedo salió de su garganta. Abrió los ojos. ¿Estaba vivo? Seguía lloviendo fuera del vehículo. Miró a su alrededor y todo pareció normal. Salió del coche, necesitaba probar que no era un sueño. Enseguida observó la suerte que había tenido: el coche se había desplazado 30 metros desde donde habían impactado, además no quedaba nada del maletero; estaba totalmente comprimido como si fuera papel arrugado. ¿Cómo era posible que no le hubiera alcanzado el metal? Se fijó en el otro coche. Era una furgoneta blanca que se había quedado sin toda la parte delantera. La carrocería había pillado las ruedas y estaba totalmente inutilizable, además de haberse quedado sin motor y estar soltando aceite.

Las gotas de lluvia le recorrían la cara suave de niño de 15 años. Su madre se le acercó y le puso la cazadora sobre la cabeza. “Te estás empapando. ¿Te duele algo?”. Cuánto apreciaba a aquella mujer… ignorando la pregunta dijo, “¿Mamá, Papá, estáis bien?” y abrazó a sus padres como nunca antes lo había hecho, ante la sorpresa de sus progenitores. Éstos se miraron asintiendo y el abrazo fue mucho más cálido.

A un golpe sordo en la ventana le sucedieron otros, hasta hacerse una frecuencia regular y constante. Estaba granizando. ¿Cuánto hacía de aquel accidente? ¿3 años? Entonces era un chico algo callado y tímido que nunca salía de casa. Cuánto había cambiado. Ahora tenía amigos que le apoyaban, sus padres le seguían ayudando en todo, y hasta su hermana parecía que le tenía algo de aprecio y que se lo había estado guardando durante todos estos años. Por otra parte, su chica le había hecho muy feliz… no era su primera novia, pero sí era la mujer de sus sueños, de eso estaba seguro.

La lluvia continuaba cayendo en la calle…

De repente miró la hora. ¡Las 7! ¿Cómo podía haber pasado toda la mañana y parte de la tarde pensando? ¡Lo de que no tenía nada que hacer era un decir! Ni siquiera había comido… Desde que sus padres le dejaban quedarse en casa para estudiar mientras ellos se iban al pueblo, se olvidaba de que sobre las 15h tenía que comer algo. Y no había empezado a hacer las tareas… La de química iba a enfadarse si no formulaba los 30 compuestos que le habían mandado como deberes… Decidió que ya era hora de dejar de hacer el vago y se dispuso a empezar a trabajar.

El día del accidente se hizo una promesa: no volvería a ser la persona que era antes, trabajaría duro, conseguiría la vida que nunca pensó que podría tener, se esforzaría en todo lo que se propusiera hacer, y jamás volvió a mirar la vida negativamente… aquello le dio fuerzas para pensar en el presente y vivir la vida lo máximo posible, superando todos sus miedos, aceptando sus deficiencias y luchando por todo lo que de veras le importaba. Al fin y al cabo nunca sabes de cuándo plazo dispones para ello.

1 comentarios:

Genial, precioso, me encanta.
Es una pena que segurmanete si a mi me hubiese pasado, me hubiese ocurrido todo lo contrario. @.@ En fin, es genial, me encanta. ^^

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